Denise Bacon, de 65 años, se sometió a una operación de estimulación cerebral profunda (ECP) en el King’s College Hospital NHS Foundation Trust, en Londres, para tratar los síntomas del Parkinson. Durante la operación de cuatro horas, bajo anestesia local, el equipo dirigido por el profesor Keyoumars Ashkan implantó electrodos en su cerebro. La paciente tocó su clarinete mientras se activaba la corriente eléctrica, lo que mejoró instantáneamente el movimiento de sus dedos. Diagnosticada con la enfermedad en 2014, Bacon había visto cómo la rigidez y la lentitud de movimientos le habían apartado de sus actividades favoritas. La ECP no es una cura para el Parkinson, pero sí una técnica validada para mejorar los síntomas motores en pacientes cuyo tratamiento farmacológico ya no resulta suficiente. Un metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados publicado en 2018 concluyó que la ECP es superior al mejor tratamiento médico disponible en el control de los síntomas, la calidad de vida y la reducción de la medicación. Bacon ya ha empezado a notar mejoras en su capacidad para caminar y expresa su ilusión por volver a nadar y bailar.