Investigaciones recientes sugieren que el ejercicio nocturno no necesariamente afecta negativamente al sueño, siempre y cuando se realice con moderación. Actividades suaves como caminar, trotar a ritmo bajo, hacer yoga o estiramientos pueden mejorar el sueño al relajar el sistema nervioso y promover un descanso más profundo. Sin embargo, sesiones intensas o prolongadas pueden elevar la temperatura corporal y estimular las hormonas del estrés, retrasando la conciliación del sueño. Expertos como el cardiólogo deportivo Christopher Tanayan y la investigadora del sueño Jingyi Qian recomiendan evitar el ejercicio intenso en la última hora antes de dormir, dejar al menos tres horas entre el fin de la sesión y la hora de acostarse, reducir el consumo de cafeína o bebidas energéticas, y realizar ejercicios de respiración o estiramientos finales. El psicólogo clínico Michael Gradisar sugiere experimentar con horarios y tipos de rutina para encontrar el equilibrio personal. En resumen, el ejercicio nocturno puede ser beneficioso para el sueño si se realiza de manera adecuada y se respeta el tiempo de relajación necesaria para el cuerpo.