La desinformación en temas de salud ha provocado hospitalizaciones, brotes de enfermedades y la adopción de prácticas médicas peligrosas. Algunos ejemplos son el uso de dióxido de cloro como cura milagrosa, la creencia de que las vacunas contienen microchips o grafeno, la conexión falsa entre la red 5G y la COVID-19, la automedicación con ivermectina o hidroxicloroquina, inhalar peróxido de hidrógeno para limpiar los pulmones, la leche cruda como moda con riesgos, la dieta alcalina como supuesta cura del cáncer y la viruela del mono como conspiración. Estos bulos han sido difundidos masivamente en redes sociales y han tenido consecuencias documentadas, como intoxicaciones y brotes infecciosos. Es importante consultar fuentes oficiales y desconfiar de soluciones mágicas y afirmaciones que prometen curas totales y rápidas.