Un equipo de la Universidad Estatal de Florida descubrió que el tálamo mediodorsal, una zona cerebral poco estudiada, desempeña un papel crucial en cómo percibimos y anticipamos los sabores. Las neuronas del tálamo mediodorsal reaccionan a la presencia de sabores dulces, salados o amargos, y también a señales externas como sonidos que anuncian la llegada de una comida. Esto significa que el cerebro puede «prepararse» para un sabor, lo que influye directamente en cómo lo sentiremos al comerlo. La investigación también aporta una explicación neurológica sobre por qué nuestras preferencias culinarias son tan resistentes al cambio. El cerebro no solo interpreta lo que ocurre en la lengua, también proyecta lo que espera recibir, y esas proyecciones se basan en recuerdos, estímulos externos y emociones del momento. Los investigadores apuntan a que el conocimiento de este mecanismo podría ser útil en el futuro para diseñar tratamientos que modifiquen conductas alimentarias problemáticas.