Las pantallas tienen un impacto significativo en el desarrollo físico, emocional y cognitivo de los niños. La exposición temprana y excesiva puede afectar la atención, el lenguaje y el control emocional. Sin embargo, cuando el contenido es educativo y adaptado a la edad, y se utiliza con participación adulta, puede mejorar la inteligencia, la autorregulación y el lenguaje. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Americana de Pediatría recomiendan limitar el tiempo de pantalla: nada para menores de 18 meses, una hora al día para niños de 2 a 5 años, siempre con contenido de calidad y acompañado por adultos. Las tecnologías emergentes, como juegos físicos con sensores o actividades con realidad aumentada, pueden promover el movimiento y la socialización. El reto está en lograr un equilibrio entre la tecnología y el juego libre, el afecto y la experiencia directa con el mundo.