La dilatación y torsión gástrica es una afección potencialmente mortal en perros, especialmente en razas de pecho profundo como el Gran danés, el Dóberman o el Setter irlandés. El veterinario británico Marc Abraham advierte que esta dolencia puede desarrollarse con rapidez alarmante. Las causas exactas del GDV siguen siendo un misterio, pero se cree que la ansiedad y la dieta pueden desencadenar la acumulación excesiva de gas. El cuadro clínico es inconfundible, con signos de alerta como un abdomen hinchado, jadeos, salivación excesiva y ansiedad visible. El tratamiento dependerá de la gravedad del caso, y puede incluir la inserción de una sonda gástrica o la cirugía. Los perros permanecen hospitalizados al menos 48 horas después de la intervención, ya que las toxinas liberadas por los tejidos traumatizados pueden causar complicaciones importantes. La prevención sigue siendo complicada, pero el conocimiento puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. El experto destaca que el tiempo es crucial en el tratamiento de esta afección.