Al dejar de beber alcohol, el cuerpo comienza a recuperar el equilibrio en las primeras 24 horas, mejorando la hidratación, el funcionamiento cerebral y digestivo. Después de una semana, la calidad del sueño mejora, el hígado comienza a recuperarse y se reduce la acumulación de grasa hepática. A los 30 días, se notan mejoras en el estado de ánimo, reducción de la ansiedad y aumento de la energía diaria. A seis meses, el hígado sigue reparándose y el sistema inmunológico se fortalece. A un año o más, se reduce el riesgo de enfermedades crónicas como hipertensión, infartos, accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2 y cáncer. Un estudio demostró que quienes abandonan el alcohol reducen su riesgo de cáncer en un 4%. Para dejar o reducir el alcohol, se recomienda establecer metas claras, registrar los beneficios físicos y emocionales, usar aplicaciones para seguir el progreso y buscar apoyo en comunidades o terapeutas especializados.