El lavavajillas puede dañar la cristalería debido a las altas temperaturas, chorros de agua potentes y detergentes abrasivos. Los vasos de vidrio, aunque resistentes, son delicados y pueden sufrir daños irreversibles. La repetición constante de ciclos automáticos puede provocar un desgaste progresivo en el cristal, lo que se traduce en una apariencia opaca y microarañazos permanentes. Las copas de vino, los vasos finos y la cristalería decorativa son las principales víctimas. Para proteger la cristalería, se recomienda colocarla en la rejilla superior del lavavajillas, evitar el contacto directo con otros utensilios y elegir ciclos de lavado suaves. El uso de abrillantador también puede minimizar la formación de manchas o rayaduras. La temperatura y el movimiento constante dentro del electrodoméstico pueden generar tensión interna en el material, debilitándolo con el tiempo.