Los gatos domésticos necesitan un refugio cálido y seguro durante las noches de invierno. Su temperatura corporal ideal es entre 37,7 y 38,9 grados centígrados, y si desciende por debajo de 35,5 grados, pueden sufrir hipotermia. Los expertos recomiendan que los gatos duerman en interiores, en rincones cálidos y resguardados de corrientes de aire, como estantes firmes o camas situadas en puntos altos de la casa. Se pueden añadir mantas gruesas, tejidos suaves o mantas térmicas, especialmente para razas sin pelaje como el sphynx. Algunos gatos necesitan más comida para generar calor, pero es importante vigilar que no se convierta en un problema de peso. El agua debe estar siempre disponible y no congelarse. Los abrigos no suelen ser necesarios, pero en el caso de gatos de pelaje muy corto, un jersey ligero o una manta puede ayudar. Lo importante es crear un entorno cálido y seguro, más que vestirles con prendas que puedan generarles incomodidad o estrés.