Un estudio publicado en Nature por un equipo internacional liderado por Nicolas Gaudenzio encontró que el estrés materno durante el embarazo puede influir en el desarrollo de eccema en la infancia. Los investigadores utilizaron un modelo murino en el que las madres gestantes fueron sometidas a estrés mediante exposición a luz brillante durante varios días. Las crías nacidas de estas madres estresadas desarrollaron lesiones cutáneas similares al eccema cuando se expusieron a estímulos mecánicos leves. El estudio también identificó cambios en los ganglios de la raíz dorsal y una mayor densidad de fibras nerviosas en la piel. El estrés prenatal alteró la barrera cutánea de las crías, aumentando la pérdida transepidérmica de agua y la sensibilidad al tacto. Los autores analizaron muestras de sangre de mujeres embarazadas en el primer trimestre y encontraron que las mujeres con antecedentes atópicos mostraban niveles más elevados de cortisol. El estudio sugiere que el estrés prenatal puede programar el sistema inmune desde el embarazo y ofrece nuevas pistas para prevenir o tratar el eccema infantil en sus fases más tempranas. Los efectos del estrés prenatal sobre la piel fueron transitorios en los ratones, ya que a las 24 semanas las crías ya no desarrollaban lesiones tras estímulos mecánicos.