Un estudio en la Universidad Murdoch exploró a más de mil personas con y sin dolor crónico, encontrando que quienes lo padecen mostraron niveles significativamente más altos de perfeccionismo y menos capacidad de autocompasión. Esta combinación peligrosa amplifica el dolor y puede alimentar un círculo de frustración y estrés. Los investigadores observaron que muchas personas con dolor crónico sienten que deben cumplir metas poco realistas, a menudo autoimpuestas o percibidas como exigencias externas. La autocompasión apareció como un factor protector clave, y su falta aumenta la percepción de dolor y deteriora la confianza en la propia capacidad para afrontarlo. El estudio abre la puerta a nuevas intervenciones para reducir el perfeccionismo y fortalecer la autocompasión y la autoeficacia.