La percepción de la normalidad se ve influenciada por factores como la cultura y la habituación. Según la psicología, el cerebro tiende a normalizar lo que se repite en el entorno. Algunos comportamientos que pueden parecer normales son en realidad señales de que se creció con padres emocionalmente inmaduros. Estos incluyen sentir que es responsabilidad propia la felicidad de los demás, ser perfeccionista y buscar la aprobación de los demás, estar desconectado de las emociones, sentir soledad y vergüenza, y tener una baja autoestima. La psicóloga clínica Lindsay C. Gibson explica en su libro 'Adult Children Of Emotionally Immature Parents' que los padres emocionalmente inmaduros dependen del cuidado emocional de sus hijos, lo que puede llevar a una hipervigilancia emocional en los niños. La ausencia de validación emocional y la inmadurez emocional de los padres pueden generar perfeccionismo, alexitimia y baja autoestima en los hijos. La investigación relaciona el perfeccionismo maladaptativo con traumas infantiles como la negligencia.