Un estudio publicado en Nature y citado por National Geographic, que siguió a 24.922 personas en Taiwán durante 15 años, concluyó que la exposición prolongada al calor extremo acelera la edad biológica de los órganos, con un impacto comparable al de hábitos reconocidos como dañinos: fumar o beber alcohol. Los investigadores hallaron que por cada 1,3 °C de aumento en la exposición térmica, los órganos y tejidos envejecían hasta 0,031 años más de lo esperado. El estudio se basó en indicadores como función renal, hepática y pulmonar, presión arterial e inflamación. La conclusión fue clara: el calor extremo no solo agota o deshidrata, sino que deja cicatrices invisibles en la maquinaria interna del organismo. Los más expuestos y las desigualdades también se vieron reflejadas en el estudio, donde trabajadores manuales y habitantes de zonas rurales mostraron el deterioro más acusado. El calentamiento global multiplicará las olas de calor, y según Nature, estos eventos son ahora 30 veces más probables que hace tres décadas.