Dormir menos de lo necesario puede cambiar el metabolismo desde la primera noche, aumentando la hormona del hambre y reduciendo la sensibilidad a la insulina. Un estudio mostró que dormir solo cuatro horas provoca un aumento del apetito y una clara dificultad para concentrarse. La nutricionista Hannah Alderson recomienda un desayuno rico en proteínas, como huevos, que aportan aminoácidos esenciales y vitamina B12. Combinados con avena o pan integral, prolongan la saciedad y estabilizan el nivel de glucosa. Otros alimentos aliados contra la fatiga son plátanos, avena, almendras y frutos secos, que reducen la fatiga y controlan los antojos. El té verde y el café en moderación también pueden ayudar. Sin embargo, alimentos como cereales azucarados, bollería y bebidas energéticas pueden empeorar la situación. Una dieta estratégica puede sostener el rendimiento hasta volver a un descanso reparador.