Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Manchester y Harvard analiza la relación entre la hora de desayuno y la longevidad en 2.945 adultos mayores en el Reino Unido durante más de tres décadas. Los resultados muestran que retrasar el desayuno se asocia con un mayor riesgo de mortalidad en el corto plazo, con un aumento del 8% en las probabilidades de morir por cada hora de retraso. Además, se encontró que la tasa de supervivencia a 10 años fue notablemente inferior en el grupo que comía más tarde (86.7%) en comparación con el grupo que lo hacía más temprano (89.5%). El estudio sugiere que la hora del desayuno podría funcionar como un biomarcador de salud en los adultos mayores, indicando cambios subyacentes en el bienestar físico y mental. La crononutrición, el estudio de los ritmos circadianos y su relación con la alimentación, puede ayudar a regular el metabolismo y reducir el riesgo de enfermedades crónicas.