Según Dan Wegner, psicólogo de Harvard, intentar suprimir un pensamiento que nos molesta solo intensifica el malestar. En su libro 'White Bears and Other Unwanted Thoughts', explica que el deseo de suprimir el pensamiento es en sí mismo la causa de la obsesión. El 'experimento del oso blanco' demostró que los participantes que intentaban eliminar la imagen de un oso blanco eran los que más veces hacían sonar un timbre para indicar que estaban pensando en él. Wegner sugiere que la solución es dejar de pelear contra el pensamiento y reconocer que existe, pero no permitir que se convierta en una obsesión. También propone establecer un momento concreto del día para atender la demanda del pensamiento, buscar una distracción 'activa' y convertir la obsesión en lenguaje compartiéndolo con alguien o escribiendo lo que sentimos. Estas técnicas pueden ayudar a disminuir la carga emocional y a tomar distancia del problema. El experto asegura que nuestra mente se relaja cuando reconocemos el pensamiento, pero lo dejamos estar sin necesidad de controlarlo. Un ejemplo de esto es dedicar 10 minutos al día a reflexionar sobre el pensamiento que nos preocupa.