Un estudio del Harvard Aging Brain Study siguió a 296 adultos mayores durante 14 años, utilizando podómetros para medir el número de pasos diarios y escaneando sus cerebros para buscar proteínas relacionadas con el alzhéimer. Los resultados mostraron que caminar no elimina las placas de amiloide, pero sí reduce la acumulación de proteína tau en la corteza temporal inferior, lo que se asocia con un declive cognitivo más lento. El estudio encontró que hacer entre 5.000 y 7.500 pasos al día ofrece un beneficio significativo, y que pasar de este umbral no ofrece un beneficio adicional. Los autores concluyen que la actividad física es una estrategia clave para prevenir el alzhéimer, especialmente en personas sedentarias con niveles elevados de amiloide en el cerebro.