Ucrania ha implementado un plan para combatir el invierno en la guerra contra Rusia, consistente en una red de baterías de 200 megavatios, distribuidas en seis ubicaciones secretas, para ofrecer un colchón de energía cuando la red sea atacada. Esta red forma parte de un programa de 140 millones de dólares financiado por la energética privada DTEK y bancos ucranianos, con equipos suministrados por la estadounidense Fluence. La capacidad conjunta de 200 megavatios equivale a iluminar durante dos horas unas 600.000 viviendas. La estrategia del Kremlin busca doblegar a la población dejándola sin luz ni calefacción en pleno invierno. Ucrania también ha llevado la guerra al terreno energético, golpeando refinerías rusas y dejando sin suministro a decenas de miles de ciudadanos en Bélgorod. Occidente refuerza el escudo aéreo con sistemas Patriot, aunque Kiev insiste en que la protección sigue siendo insuficiente. El desarrollo de renovables como la eólica y la solar añade resiliencia al sistema energético ucraniano.