Ucrania busca obtener misiles Tomahawk de largo alcance, capaces de portar 450 kilos de explosivos y con un alcance de más de 2.500 kilómetros. Estos misiles podrían permitir a Ucrania atacar objetivos militares rusos lejanos, causando efectos devastadores. El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha advertido que la entrega de estos misiles representaría una escalada en las relaciones con Estados Unidos. El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) destaca que, con estos misiles, Ucrania podría destruir la fábrica de drones Shahed de Yelábuga o la base aérea Engels-2. Putin también ha señalado que los misiles Tomahawk requieren la participación directa de personal estadounidense, lo que implicaría un nivel nuevo de escalada. La entrega de estos misiles ha generado preocupación sobre una posible nueva Guerra Fría, similar a la tensión provocada por los euromisiles hace cuarenta años.