La administración Trump ha autorizado la entrega de inteligencia a Ucrania para atacar infraestructuras energéticas rusas con misiles y drones de largo alcance. El objetivo es debilitar la economía rusa y su capacidad de sostener la ofensiva militar. Se estudia la entrega de misiles de crucero Tomahawk, con un alcance de hasta 2.500 km y gran capacidad destructiva. Ucrania también avanza con proyectos propios como el Long Neptune y el Flamingo. Un acuerdo entre Ucrania y Estados Unidos permitirá a Estados Unidos acceder a la experiencia de Kiev en producción masiva de drones, con un marco de hasta 50.000 millones de dólares a cinco años. La guerra en Ucrania podría entrar en una fase distinta, con Ucrania buscando golpear en lo más sensible para Rusia: la energía que alimenta su economía y financia su esfuerzo bélico. La inteligencia y los recursos de la OTAN se emplean directamente en contra de Rusia, mientras que Europa refuerza su papel en la guerra.