El presidente de Canarias se queja de la incapacidad de trasladar a la península a los menores no acompañados que su administración tutela. Asegura que un país de 50 millones de personas debería tener plazas de acogida para 1000 niños y niñas. Sin embargo, su protesta y exigencias revelan que está deseando que se los quiten de encima. La realidad es que a los menas no los quiere nadie, y la profesión de fe humanitaria resulta ser retórica forzosa de obligado incumplimiento. El presidente canario interpelaba a la población española, destacando que bastaría que unos miles de personas abrieran sus casas a esos menores. La incapacidad de establecer una política real respecto a los menas y la inmigración en su conjunto es constante y tiene consecuencias. La retórica artificiosa hace imposible encontrar una solución. El presidente Clavijo debería ser consciente de la paradoja de que cuanto más traslados a la península se hagan, más se incentivan las llegadas por mar de los cayucos y pateras a su comunidad autónoma.