En el conflicto entre Ucrania y Rusia, las fuerzas rusas han adoptado una nueva táctica de infiltración utilizando ponchos térmicos, también conocidos como 'capas de invisibilidad', para minimizar su firma infrarroja y evitar ser detectados por los drones ucranianos. Estos ponchos están fabricados con capas reflectantes y materiales que aceleran la disipación del calor, lo que permite a los soldados rusos aproximarse a la temperatura superficial del entorno y reducir el contraste que detectan las cámaras térmicas. La eficacia de esta táctica depende de factores como la calidad del material, el sellado del contorno y las condiciones meteorológicas. Aunque no hace a los soldados invulnerables, la táctica es eficaz cuando se combina con movimientos nocturnos en pequeños grupos y el aprovechamiento de condiciones ambientales concretas. Las fuerzas ucranianas están trabajando en contramedidas, como desplegar sensores complementarios y reforzar los campos de minas y barreras físicas, para contrarrestar estas infiltraciones.