La iluminación en el Imperio romano se lograba mediante lámparas de aceite, candelabros y antorchas. Las lámparas de terracota eran comunes en los hogares, mientras que las de metal se reservaban para las áreas de recepción. La iluminación también se utilizaba en espacios públicos, como baños y calles, y su responsabilidad se dividía entre los habitantes y los vigiles. La producción y el uso de lámparas reflejaban las condiciones económicas y sociales de la época, con un precio de cuatro denarios por un lote de diez lámparas de cerámica. La innovación tecnológica en la iluminación se centró en el uso del vidrio, que ofrecía una alternativa a las lámparas de terracota.
Crítica:El artículo es una deliciosa mezcla de historia y tecnología, que nos hace reflexionar sobre cómo nuestros antepasados romanos se las ingeniaban para iluminar sus vidas nocturnas. Aunque el título promete revelar los instrumentos más exóticos y desconocidos, en realidad nos encontramos con lámparas de aceite y candelabros, que, aunque interesantes, no son exactamente lo que esperábamos. Sin embargo, la lectura es agradable y llena de detalles interesantes, como el precio de las lámparas y la innovación tecnológica en el uso del vidrio. En resumen, un artículo que nos hace viajar en el tiempo y nos hace apreciar la ingeniosidad de nuestros antepasados, aunque no sea exactamente lo que esperábamos.