Una investigación arqueológica ha demostrado que el vino era consumido por todas las clases sociales en la antigua Troya, desmintiendo la creencia de que era exclusivo de las élites. El equipo de investigación, liderado por Stephan Blum, analizó residuos químicos en vasijas antiguas y encontró biomarcadores específicos del vino, como el ácido succínico y el ácido pirúvico. La investigación también reveló que el vino se producía localmente en Troya y que su consumo estaba extendido en la ciudad, con evidencias de su presencia en viviendas de diferentes tamaños. Los hallazgos sugieren que el vino desempeñaba un papel central en las interacciones sociales y ceremoniales en la antigua Troya.