La Gran Armada española, compuesta por 122 buques de guerra y de transporte, partió de Lisboa el 28 de mayo de 1588 con el objetivo de invadir Inglaterra. Sin embargo, debido a problemas meteorológicos, la lentitud de la travesía y la falta de experiencia marinera de su comandante, Alonso Pérez de Guzmán, la Armada se vio obligada a refugiarse en La Coruña y posteriormente en Calais. Allí, los ingleses lanzaron ocho barcos incendiados contra la Armada, lo que provocó la confusión y la dispersión de la flota. La Armada decidió abortar su misión y volver a casa, pero durante la travesía de regreso, cerca de treinta barcos naufragaron frente a las costas de Escocia y Irlanda, y muchos tripulantes murieron. La Gran Armada perdió unos 18 millones de ducados y muchos barcos, y la pérdida de experimentadas tripulaciones y capitanes fue especialmente grave. El desastre supuso el fin de las aspiraciones de acabar con el poder inglés en los mares y con el apoyo que daba a los rebeldes holandeses.