Investigadores de Stanford Medicine han comparado tres políticas horarias diferentes y han encontrado que mantener el horario estándar o el horario de verano es mejor que cambiar dos veces al año. El horario de invierno evitaría unos 300.000 casos de ictus al año y reduciría la obesidad en 2,6 millones de personas. El horario de verano lograría aproximadamente dos tercios del mismo efecto. El cambio horario puede afectar el ritmo circadiano, que regula el funcionamiento físico y mental. La exposición a la luz en momentos inadecuados puede debilitar el reloj circadiano. Los investigadores han analizado la exposición real a la luz bajo cada política horaria y han encontrado que la mayoría de las personas soportaría un menor desajuste circadiano con el horario de invierno. Sin embargo, los investigadores reconocen que hay muchos factores que no se han tenido en cuenta y que la metodología puede ser cuestionada.