Kasey Leadbetter, una australiana de 22 años, sufrió un ataque casi fatal de una serpiente marrón oriental mientras trabajaba como niñera en una granja en Western Downs, al este de Australia. La joven recibió una mordedura que podría haber sido fatal si no hubiera recibido atención médica a tiempo. Los médicos no suministraron el antídoto polivalente debido a los posibles efectos secundarios negativos. La joven sufrió daño muscular, renal y cardíaco, pero se recuperó. Las mordeduras por serpientes han aumentado un 15% en 2024 en Australia, con 160 casos registrados en diciembre. Un estudio reciente encontró que las toxinas en el veneno de las serpientes marrones orientales varían dependiendo de su ubicación, lo que podría afectar el tratamiento. Leadbetter afirma que su experiencia no ha cambiado su pasión por las serpientes y cree que más investigación podría haber ayudado en su caso y en el de otras personas.