Cada año, apenas uno de cada cinco millones de niños sufre epilepsias tan severas que solo una cirugía puede salvarlos. En los casos más extremos, los médicos se ven obligados a desconectar o extirpar la mitad del cerebro para detener las convulsiones. Un equipo liderado por Marcello Massimini examinó a diez niños sometidos a hemisferotomía por epilepsia grave, midiendo su actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG) durante tres años, antes y después de la cirugía. Los resultados mostraron que el hemisferio desconectado seguía emitiendo señales eléctricas, pero no como las del pensamiento ni la vigilia, sino como las que aparecen durante el sueño NREM, la anestesia o el coma. El estudio descarta la existencia de una segunda mente, pero deja al descubierto que la conciencia no reside en un lugar, sino en una red viva de conexiones. Los niños del experimento no tienen dos mentes, sino una sola conciencia que aprendió a ocupar el espacio del silencio, adaptándose a la pérdida como solo la biología sabe hacerlo.