Un experto en quesería de la granja La Camosciata, ubicada en la provincia de Bérgamo, ha despejado las dudas sobre las cortezas que se deben comer y las que se deben evitar. Hay cortezas enmohecidas que son parte esencial del queso, como el Brie, el Camembert y otros quesos artesanales que utilizan mohos nobles. El stracchino, un queso fresco típico de Lombardía, también se debe comer con su corteza fina y blanca. Sin embargo, hay cortezas que se pueden comer pero no vale la pena, como el Parmigiano Reggiano, el Grana Padano o el Trentingrana. También hay cortezas que hay que evitar del todo, como las de quesos industriales tratados con conservantes como la natamicina, o las de quesos con corteza artificial elaborados con parafinas, ceras o colorantes. El experto también destaca la importancia de tener precaución con quesos azules como el Gorgonzola, el Roquefort y el Stilton, ya que el moho interno es comestible, pero la corteza exterior no. Finalmente, hay cortezas lavadas que se deben desechar, como las de quesos como el Taleggio y el Puzzone di Moena, que se tratan con bacterias vivas para potenciar sus intensos aromas.