María de Lluc, dietista especializada en gestión emocional con la comida, advierte que llevar fruta ya cortada a la playa puede ser un riesgo para la salud. La fruta cortada pierde su barrera natural de protección, lo que acelera su oxidación y crea un entorno perfecto para que bacterias como la E. coli o la Salmonella se multipliquen. Si la fruta se lleva en un bolso o mochila bajo el sol, el riesgo se dispara. La mejor opción es elegir fruta entera y práctica, como manzanas, peras, plátanos o nectarinas, que no requieren refrigeración intensa y se mantienen frescas con su piel intacta. Los cambios de temperatura aceleran la descomposición, y en una playa a 30 grados, una macedonia puede convertirse en un festín para bacterias en menos de una hora. La mejor solución es llevar fruta entera, con piel, consumida en el momento, o utilizar una nevera portátil con hielo reutilizable para mantener las piezas a baja temperatura.