El cambio al trabajo remoto durante la pandemia ha condicionado a las personas a trabajar en silencio, lo que ha hecho que se vuelvan más susceptibles a las distracciones en el entorno de oficina tradicional. Según Gleb Tsipursky, director ejecutivo de Disaster Avoidance Experts, el cerebro es altamente adaptable y cambia constantemente en respuesta al entorno. Cuando se trabaja desde casa, el cerebro se adapta a un entorno más tranquilo y con menos distracciones, pero esta adaptación viene con una compensación: la capacidad para filtrar los ruidos más fuertes y variados del entorno de la oficina se debilita. La productividad ha caído en picado, y un estudio de la Universidad de California en Irvine descubrió que los empleados que trabajan en oficinas abiertas reciben un 29% más de interrupciones que los que están en oficinas privadas. Edward Brown, cofundador de Cohen Brown Management Group, descubrió que los trabajadores de oficina pierden de tres a cinco horas de tiempo productivo todos los días debido a interrupciones no deseadas. La solución propuesta es pasar más tiempo en la oficina para que el cerebro se adapte a las nuevas rutinas y recupere la capacidad de concentración.