Los gatos realizan patadas de conejo como parte de su herencia depredadora, cumpliendo funciones de juego, caza y defensa. Desde pequeños, los gatitos aprenden a realizar estas patadas durante juegos con su madre y hermanos, simulando la captura de presas. En casa, esta conducta se traslada a juguetes, colchas y manos o pies desprevenidos. Las patadas pueden indicar sobreestimulación, y señales como orejas hacia atrás o bufidos sugieren detener la interacción. Los especialistas recomiendan ofrecer alternativas apropiadas, como juguetes diseñados para morder y patear, y sesiones regulares de juego para satisfacer el instinto de caza y reducir la probabilidad de patadas. Un entorno variado y estimulante satisface necesidades felinas como ejercicio físico, mental y social. Los gatos también se patean entre sí durante juegos, lo que es habitual y no suele ser motivo de preocupación.