La psiquiatra Claire Wilcox explica que algunos alimentos activan el cerebro igual que drogas como la nicotina o el alcohol. Comer determinados productos, como galletas o refrescos, activa los centros de recompensa del cerebro, generando una sensación de bienestar inmediato. La investigación sobre la adicción a la comida se ha disparado en los últimos años, con un artículo de Nature Medicine que analizó casi 300 estudios en 36 países y concluyó que los alimentos ultraprocesados pueden 'secuestrar' los sistemas de recompensa del cerebro. El neurocientífico Mark S. Gold y la psicóloga Ashley Gearhardt sostienen que no nos volvemos adictos a las manzanas, sino a productos diseñados para golpear el cerebro como una droga. La OMS y la Asociación Americana de Psiquiatría aún no reconocen la adicción a la comida como diagnóstico oficial. Los tratamientos actuales combinan terapia cognitivo-conductual con programas de deshabituación y apoyo emocional. La psiquiatra Kim Dennis dirige una clínica donde combina modelos de adicción y trastornos alimentarios, y los pacientes aprenden a identificar los alimentos 'gatillo' que desatan antojos incontrolables.