La Organización Europea del Ictus (ESO) señala que la prevalencia del ictus isquémico en adultos de entre 18 y 50 años es de aproximadamente 10 casos por cada 100.000 habitantes y año. Esta prevalencia ha ido creciendo en países de renta alta desde la década de 1980. Los factores de riesgo incluyen la fibrilación auricular, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipos 1 y 2, colesterol LHD, hipertensión y historial familiar de ictus. Un estudio publicado en 2018 en la revista Journal of the American Heart Association encontró 11 factores de riesgo con correlación estadística. La genética también juega un papel importante, con una relación entre los genes que determinan el grupo sanguíneo y el riesgo de ictus. Los expertos han encontrado que las personas que padecen un ictus a edades tempranas muestran un aumento de la mortalidad a largo plazo.