Las chinchillas, originarias de la Cordillera de los Andes, han desarrollado una estrategia de higiene única: el baño de polvo. Su pelaje, que puede alcanzar los 20.000 pelos por centímetro cuadrado, impide un secado eficiente y favorece las enfermedades de la piel. Los especialistas advierten que mojar a estas mascotas puede provocar hipotermia, proliferación de hongos y acumulación de humedad, afectando su bienestar. El Manual de Buenas Prácticas para Roedores recomienda un ambiente seco y aireado para mantener la salud de estos animales. El baño de polvo es una necesidad fisiológica para mantener la salud de la piel y el pelaje de las chinchillas, y debe realizarse al menos tres veces por semana. La veterinaria Camila Gentil enfatiza que el agua solo debe usarse en casos extremos, bajo supervisión. La Asociación Americana de Veterinarios de Animales Exóticos también advierte contra el uso del agua como método de limpieza rutinario para las especies.