La temperatura inicial de los alimentos influye en el resultado de la cocción. Alimentos como carnes, huevos, patatas y chocolate deben estar a temperatura ambiente (20-22 grados) para cocinarse mejor. La temperatura del frigorífico (3-6 grados) puede provocar cambios desiguales en la textura y el sabor. Algunos alimentos, como la nata y las claras de huevo, se montan mejor si están refrigeradas. La temperatura ambiente facilita la mezcla de ingredientes en emulsiones como la mayonesa y las vinagretas. Los productos altamente perecederos, como el pescado crudo y la carne picada, deben mantenerse fríos hasta el último momento.