Un estudio dirigido por Shady Abohashem, cardiólogo del Hospital General de Massachusetts y profesor en la Escuela de Medicina de Harvard, encontró que la exposición a luces nocturnas artificiales puede aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca. El estudio analizó a 466 adultos sanos de Boston y encontró que aquellos que vivían en zonas con altos niveles de luz nocturna tenían mayor actividad cerebral relacionada con el estrés y mayor inflamación arterial. El riesgo estimado de enfermedad cardiovascular aumentaba un 35% en cinco años y un 22% en diez. La luz nocturna artificial puede suprimir la melatonina y alterar el reloj circadiano, lo que puede afectar el metabolismo, la presión arterial y la función endotelial. El estudio sugiere que reducir la iluminación pública innecesaria, usar sensores de movimiento y emplear luces cálidas en lugar de LED azules pueden ayudar a mitigar este efecto. Además, mantener los dormitorios oscuros y libres de pantallas, evitar mirar el móvil o ver televisión antes de dormir y mantener una rutina de sueño regular pueden ser beneficiosos.