El uso excesivo de pantallas en niños y adolescentes puede desembocar en numerosas enfermedades, como ansiedad, depresión y bajo rendimiento académico. Según el Instituto Nacional de Estadística, más del 96% de los jóvenes dispone de teléfono móvil, y el tiempo de uso del móvil entre los adolescentes ha experimentado un crecimiento exponencial, alcanzando un total de siete horas diarias. El psicólogo infantil Álvaro Bilbao explica que cuando los niños están viendo la televisión o jugando, su sistema de recompensa se activa, lo que aumenta su nivel de excitación y disminuye su autocontrol. Cuando se les quita la pantalla, los niveles de serotonina bajan, lo que los hace sentir desconectados y emocionalmente frágiles. Para evitar esto, los padres deben establecer límites claros y enseñar a sus hijos a gestionar la frustración y mantener una conexión emocional. El experto recomienda dos puntos clave: enseñar a los hijos a mantener una conexión emocional en todo momento y ayudarles a desarrollar la capacidad de gestionar la frustración.