La proteína en polvo se ha convertido en un accesorio común en los gimnasios y supermercados. Tres nutricionistas, Saray López, Jesús Guardiola y Nuria Esteves, coinciden en que puede ser beneficiosa en determinados contextos clínicos o personales, como en personas con trastornos de la conducta alimentaria, adultos mayores con dificultades de masticación o pacientes con cáncer. Sin embargo, también destacan que no es necesaria para todos y que su uso puede ser un riesgo en personas que no tienen una buena relación con la comida. La proteína en polvo puede ser útil si se usa con criterio, pero no sustituye una dieta variada y saludable. Los expertos advierten que no todas las proteínas son iguales y que hay que individualizar la recomendación. También destacan la importancia de leer la etiqueta y buscar proteínas completas, verificar la proporción real de proteína y evitar edulcorantes artificiales en exceso. La biodisponibilidad y tolerancia digestiva también son criterios esenciales. En resumen, la proteína en polvo puede ser útil, pero no es imprescindible y debe usarse con criterio.