La granola, creada en 1863 por James Caleb Jackson como remedio dietético, ha cambiado con el tiempo. Ahora, muchas versiones industriales contienen altos niveles de azúcar, lo que puede disparar la glucosa en sangre y provocar un efecto rebote de hambre y cansancio. La combinación de almidón de avena, azúcares libres y fruta deshidratada es la causa de este efecto. Sin embargo, la granola también conserva beneficios si se eligen bien los ingredientes, como ralentizar la digestión, controlar el apetito y mejorar la presión arterial. La mayoría de nutricionistas coinciden en que la granola debe ser un acompañante, no la base del desayuno, y se recomienda combinarla con proteína y grasas saludables para reducir el impacto glucémico. Un estudio muestra que 3 gramos de betaglucano de avena al día pueden reducir el colesterol 'malo'. La cantidad recomendada es de 30-45 gramos, pero lo habitual es servirse entre 60 y 100 gramos, lo que duplica la ingesta de azúcar y calorías.