Investigadores de la Universidad de Miami han demostrado que rascarse no alivia el picor, sino que activa el ciclo picor-rascado, aumentando la inflamación y la liberación de histamina. La recomendación es resistir el impulso de rascar o frotar suavemente con los dedos o acariciar con una brocha suave, lo que puede reducir el picor hasta un 12%. Un estudio de la Universidad de Pittsburgh encontró que rascarse ayuda a eliminar bacterias, pero también aumenta la inflamación. El picor cumple una función defensiva, alertándonos de posibles amenazas, y rascarse es un alivio breve que suele empeorar la inflamación. La ciencia coincide con lo que nuestras madres ya sabían: mejor una caricia o una brocha que unas uñas desesperadas. Un 8% de la población sufre de picor crónico, y el contagio también puede ser un factor. El Dr. Zhou-Feng Chen explica que el cerebro imita de forma inconsciente las sensaciones de los demás, lo que puede hacer que sintamos picor al ver a alguien rascarse.