Las bebidas energéticas contienen una combinación potente de cafeína, azúcar y otros estimulantes que pueden disparar los niveles de energía a corto plazo, pero también aumentar la frecuencia cardíaca, la presión arterial y los niveles de glucosa en sangre. Una sola lata puede contener entre 75 y 260 miligramos de cafeína, lo que equivale a dos tazas de café, y hasta 70 gramos de azúcar. La cardióloga Anna Svatikova advierte que estos efectos pueden ser engañosos y peligrosos. El consumo de bebidas energéticas se asocia con episodios cardiovasculares, trastornos del sueño y dependencia. Los grupos más vulnerables son niños y adolescentes, mujeres embarazadas o en período de lactancia, y personas con hipertensión, ansiedad, arritmias o enfermedades cardíacas. La combinación con otras sustancias puede agravar el cuadro. Se recomienda leer las etiquetas cuidadosamente y elegir versiones con menos cafeína y azúcar. Los síntomas como temblores, insomnio, palpitaciones o la necesidad de consumir cada vez más para lograr el mismo efecto son señales de alerta que justifican reducir la ingesta o suspenderla con orientación médica.