El corazón genera un campo electromagnético que se expande más allá del cuerpo, influenciando las emociones y la conexión con los demás. La señal eléctrica del corazón es 60 veces más intensa que la del cerebro y su campo magnético es 5.000 veces más fuerte. Esto significa que el corazón emite una especie de onda invisible que los demás pueden percibir. Cuando el corazón late en un estado de coherencia emocional, el campo que emite es más ordenado y armónico, influyendo en la respiración, la presión arterial y las ondas cerebrales. El corazón también tiene un sistema neuronal propio que puede aprender, recordar y enviar señales al sistema nervioso central. La magnetocardiografía es una técnica que estudia los campos magnéticos del corazón, detectando arritmias o irregularidades eléctricas sin necesidad de procedimientos invasivos. La ciencia y la experiencia cotidiana están empezando a encontrarse en este punto, demostrando que el corazón realmente transmite y sincroniza información más allá de lo físico.