Un estudio publicado en Scientific Reports (Nature, 2025) ha encontrado una conexión entre la salud digestiva y el comportamiento de los perros. El intestino actúa como un segundo cerebro, produciendo mensajeros químicos como la serotonina y el GABA, que modulan la calma y la ansiedad. La microbiota intestinal desequilibrada puede generar inflamación y aumentar la reactividad y la ansiedad en los perros. El especialista en ansiedad por separación, Carlos Míllara, explica que el dolor abdominal o las náuseas pueden disminuir la tolerancia al estrés y provocar comportamientos como vocalizar, jadear o destruir objetos. El estudio sugiere que la salud digestiva es un pilar fundamental del bienestar emocional canino y que revisar la dieta y tratar las molestias gastrointestinales puede marcar la diferencia en el comportamiento de los perros. Los investigadores también encontraron que una mayor permeabilidad intestinal puede permitir que moléculas proinflamatorias pasen a la sangre y afecten al cerebro, lo que se traduce en una menor tolerancia a la frustración y una respuesta emocional amplificada.