El kiwi, a pesar de su cáscara peluda, requiere lavado antes de consumir, incluso si se pela. La piel del kiwi acumula polvo, pesticidas y microorganismos durante el cultivo y la manipulación. Un simple enjuague bajo el grifo no es suficiente; se deben seguir tres pasos: colocarlo bajo un chorro de agua fría, frotarlo suavemente con un cepillo de cerdas suaves o una esponja limpia, y secarlo con papel o un paño limpio. Esto reduce el riesgo de contaminación bacteriana y previene la transferencia de pesticidas y polvo hacia la pulpa. Comer el kiwi con piel, siempre y cuando esté bien lavado, es recomendable, ya que la cáscara es rica en fibra, antioxidantes y vitamina E. La piel contiene hasta tres veces más fibra que la pulpa, lo que favorece la salud intestinal. Un gesto simple de 10 segundos puede evitarte muchos problemas invisibles.