El polvo doméstico puede ser un riesgo para la salud, ya que actúa como vehículo de sustancias químicas dañinas que pueden provocar alergias, alterar el sistema nervioso e incluso aumentar el riesgo de cáncer. Los expertos del Superfund Research Center de la Universidad de Duke señalan que el polvo puede contener compuestos capaces de provocar estos problemas. Los más pequeños de la casa son especialmente vulnerables, ya que pasan más tiempo en contacto con el suelo y se llevan objetos a la boca con frecuencia. Para reducir el polvo de forma eficaz, se recomienda quitar el polvo al menos una vez por semana, utilizando paños de microfibra que atrapan el polvo en lugar de dispersarlo. También es importante cambiar los filtros del sistema de climatización cada tres meses, aspirar con frecuencia y colocar felpudos en las entradas. Mantener la casa ordenada y invertir en soluciones prácticas, como muebles con superficies abiertas o cajones empotrados, también ayuda a minimizar las partículas en el ambiente.