La Peste de Justiniano, que ocurrió entre los siglos VI y VIII, diezmó al Imperio Bizantino y cambió la historia. Un estudio genómico en Jordania encontró que la bacteria Yersinia pestis fue la responsable de esta pandemia. El análisis de ocho dientes humanos de una fosa común datada entre el 550 y el 660 d.C. reveló la presencia inequívoca de Yersinia pestis. La uniformidad genética entre las víctimas indica un brote repentino y devastador. La peste no fue un episodio único, sino que emergió varias veces de reservorios animales distintos. Aunque la Peste de Justiniano ocurrió hace 1.500 años, Yersinia pestis aún circula en algunos rincones del planeta con casos aislados cada año. La densidad urbana, la movilidad global y la degradación ambiental siguen creando escenarios propicios para nuevos brotes. El estudio comparó los genomas con cepas antiguas y modernas, y comprobó que la peste saltaba una y otra vez de los animales a los humanos.