La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no consumir más de 5 gramos de sal al día, ya que el exceso de sodio puede aumentar la presión arterial y elevar el riesgo de accidentes cerebrovasculares y enfermedades coronarias. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que consumir muy poca sal también puede ser perjudicial. Un metaanálisis de más de 170.000 personas mostró que ingerir menos de 7,5 gramos diarios de sal se asociaba con más eventos cardiovasculares. La clave está en la moderación, reducir desde consumos muy altos, pero sin caer en restricciones extremas. La mayoría de la sal que ingerimos proviene de alimentos procesados, por lo que es importante revisar etiquetas y exigir a la industria una reformulación que reduzca la sal oculta en la dieta. Una dieta rica en frutas, verduras, frutos secos y lácteos puede ayudar a contrarrestar los efectos negativos de la sal. La OMS estima que casi 2 millones de muertes al año se deben al consumo excesivo de sodio.