Un estudio de la Universidad Estatal de São Paulo siguió a 182 niños de entre 6 y 17 años y a sus padres durante una semana, midiendo su actividad física y periodos de inactividad con acelerómetros. El resultado mostró que cuando los padres permanecían sentados, los hijos copiaban el mismo patrón, y aunque los adultos se activaban, los pequeños no siempre seguían el ejemplo. La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad para los adultos y 60 minutos diarios para los niños, pero en muchas familias el único momento de ejercicio infantil es la clase de educación física escolar. Los expertos apuntan a la irrupción temprana de pantallas en la vida de los niños y la dinámica familiar como factores clave que refuerzan los hábitos sedentarios. Se destaca la importancia de promover actividades conjuntas, limitar las horas frente a pantallas y valorar los momentos de movimiento como parte de la rutina diaria. Los pediatras insisten en que moverse no significa necesariamente practicar un deporte formal, sino que caminar juntos, jugar al aire libre o usar la bicicleta como medio de transporte también cuentan.