La cronofarmacología estudia cómo los ritmos biológicos, especialmente el ciclo circadiano, afectan la forma en que los medicamentos actúan en el organismo. El mismo medicamento puede tener un efecto muy distinto si se toma a las 8 de la mañana o a las 9 de la noche. La variabilidad se debe a la actividad biológica del cuerpo, que cambia a lo largo del día. Ejemplos concretos del impacto del horario incluyen estatinas, que son más efectivas si se toman con la cena, y antihipertensivos, que pueden reducir el riesgo de accidente cerebrovascular hasta en un 53% si se toman antes de dormir. La cronofarmacología no ofrece recetas universales, sino una guía para personalizar los tratamientos según el reloj biológico de cada paciente. Cumplir con el horario recomendado para cada medicación puede tener beneficios como una mejor eficacia terapéutica, menores efectos secundarios y mayor adherencia al tratamiento.